miércoles, 27 de agosto de 2014
UNAS ALAS ROTAS (PARTE 2)
Natalia despertó en una habitación humilde, con una mesita a su derecha y una nota encima, la abrió y leyó:
-Buenos días, te espero en la cocina para degustar un dulce desayuno. Adam.-
Sonrió mientras ponía los pies en el suelo, y caminaba hacia la cocina frotándose los ojos para reducir el efecto qué las legañas producían en su visión. Adam la invitó a sentarse mientras pensaba en lo adorable de su gesto.
-Te he puesto un vaso de leche y magdalenas, no le he echado café ni nada porque no sabía qué querrías-
- Me gusta así gracias- dijo mientras mojaba las magdalenas en leche.
-Ayer estuvimos hablando mucho rato pero se me olvidó preguntarte...¿Cómo te caíste?¿Qué hacías?-. Natalia casi se atraganta por la sorpresa de la pregunta a la qué buscó una rápìda respuesta.
-Puees... estaba trepando una palmera altísima y al llegar a la copa me enganché en una rama, tropecé y caí jeje-
Adam la miró extrañado pero decidió creerla y no dijo nada más.
Cuando terminaron de desayunar Adam le propuso ir a bañarse a la playa, Natalia le contó qué no lo había hecho nunca y este pensando qué sería por vivir en la montaña le dijo:
- Siempre hay una pimera vez para todo, además si no sabes nadar me tienes cerca para ayudarte-.
Al llegar, Natalia rozaba el agua con los dedos y al notar el frío los retiraba inmediatamente, pero le gustaba lo qué sentía así qué cada vez se metía un poco más hasta qué se soltó de la mano de Adam y se tiró de cabeza al agua con su vestido blanco sin parar de reírse y chapotear como una niña. Adam se reía también de verla y le iba cogiendo más afecto, Natalia se dió cuenta de qué se reía y sonrojada empezó una guerra de agua qué no terminó hasta el anochecer. Echaron a correr a casa empapados. En su habitación, Natalia sintió lástima y dolor de verse desnuda con sus alas rotas en el espejo, era incapaz de moverlas. Inesperadamente, Adam con ropa seca abrió la puerta creyendo qué seguiría vestida, estaba a punto de girar la cabez para no parecer un pervertido al verla desnuda, pero tal fue la impresión al descubrir su naturaleza no humana que se desmayó.
Al despertar estaba en la cama tumbado con Natalia, ya vestida, pasándole un pañuelo mojado por la frente. Lo primero qué vino a decir fue:
- Entonces lo de la palmera era mentira, eres un ángel-. Natalia asintió riéndose.
-Verás, estaba paseando cuando unas compañeras vinieron, me rompieron mis alas y me arrojaron de la nube-
- Maldad en el cielo, qué raro-
- Sí jaja, pero por favor no se lo digas a nadie- A lo qué Adam dijo
-¿Y perderte, con lo buena y guapa qué eres? Ni en broma, nunca he tenido mejor compañera de piso-
Natalia pasó de sonrojarse y morderse el labio a reírse y abrazarle agradeciéndole su silencio.
Esa tarde se volvió distinta para Natalia. Se notaba un cosquilleo en el estómago y un calor acompañado de presión en el pecho, pulsaciones aceleradas y pensamientos y deseos qué nunca antes había tenido. Pero lo qué no sabía era qué Adam sentía lo mismo...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario