viernes, 29 de agosto de 2014
UNAS ALAS ROTAS (PARTE 3)
Habían pasado un par de días dese que Adam conocía el secreto de Natalia. Tenía miles de pensamientos distintos inundándole la cabeza, y más de uno relacionado con Natalia desconocía el porqué
¿Era amor aquello qué sentía?¿Cómo saberlo si sólo lo conocía de los libros?¿Lo estaría experimentando por primera vez?
Después de pensarlo se dió respuesta a sí mismo, sí.
Ahora, qué el joven poeta ya sabía poner nombre al sentimiento nacido en él, una nueva pregunta le atemorizaba ¿Sería correspondido?, ¿Cómo un ángel se iba a enamorar de él?
Sólo había una manera de averiguarlo.
Era ya de noche y Natalia estaba acostada en el cuarto leyendo, mientras Adam escribía en el salón, cuando dejó la pluma y fue decidido al cuarto. Nada más cruzar el marco de la puerta se le formó un nudo en la garganta pero intentó relajarse, se sentó a un lado de la cama, le tocó el hombro a Natalia reclamando su atención y se pronunció:
-Natalia, te va a extrañar pero, desde el primer día en qué te vi noté en mí encenderse una chispa que con los días se ha convertido en una llama qué crece más y más quemándome por dentro.Lo que quiero decir es que ME HE ENAMORADO DE TI, esa llama es el amor que te tengo y que ha grabado tu nombre en mi corazón, así que quería preguntarte si sientes lo mismo-.
Natalia estaba rojísima, el corazón se le iba a salir del pecho y tal fue la felicidad que sintió como por su mejilla caían una lágrima tras otra y le respondió sonriendo:
-Sí, yo también lo siento, y quiero quedarme contigo en esta casa para siempre-.
Se abrazaron dulcemente,pero Natalia recordó algo muy importante, ella no era de ese mundo así que se apartó, le cogió de la muñeca y echó a correr a la playa.Al llegar le soltó, se acercó a la orilla y se arrodilló, estuvo un segundo así en silencio y al poco alzó la voz:
-Padre, llevo toda mi vida cumpliendo tu voluntad, te suplico que me quites estas alas para vivir felizmente con el hombre al qué amo, haré lo que me pidas con tal de conseguirlo-.
Adam pensaba qué no ocurriría nada pero se asustó al oír una voz grave venir del cielo.
-Aunque me apena perderte, te dejaré cumplir tu deseo pero cuando él muera, tú morirás con él y juntos vendréis al cielo. Ahora sumérgete en las aguas y tus alas habrán desaparecido-.
Natalia obedeció, y al salir lo único qué quedabam eran dos manchitas blancas como si de marcas de nacimiento se tratasen.
Salió del mar corriendo hacia Adam, qué la estrechó entre sus brazos y la besó apasionadamente.
- A partir de ahora tú serás mi ángel y yo tu poeta y nos amaremos y cuidaremos hasta el final de nuestros días- Natalia asintió y dijo mirando a la luna- Gracias padre, por darme la felicidad de conocer al amor de mi vida-. Volvieron a casa y allí Adam le dijo a Natalia:
- Te amo mi ángel- a lo que ella respondió
- y yo a ti mi poeta-
Y se volvieron a besar sellando la promesa qué se habían hecho.
*FIN*
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